Personalidad y esencia
Como nos guiamos mayormente por lo que vemos, hemos "aprendido" a catalogar a los hombres según la personalidad que enseñan. Llegamos incluso a darle tanto más valor a la persona conforme más "personalidad" demuestra. Nada sabemos en cambio de su alma o esencia. En teoría, la esencia es la que gobierna, anima e inspira la personalidad, pero nada más lejos de la realidad. La esencia es única en cada ser humano, la personalidad no. Todos tenemos múltiples personalidades contradictorias entre sí y según la ocasión, mostramos una u otra sin que seamos siquiera conscientes de ello. Es más, creemos firmemente en nuestra unidad interior y nos vemos a nosotros mismos absolutamente coherentes en todo lugar y momento, como "una unidad de destino en lo universal". Y no nos sonrojamos siquiera.
La personalidad debiera ser un instrumento ejecutivo a las órdenes de nuestra esencia. Lo habitual es que nuestras diferentes personalidades vayan por libre. Otros llaman a eso "facetas":
"Fulano es muy polifacético", "No conocía esa faceta suya", "Con lo amable que es normalmente, se puso como un energúmeno. No era él". "No sé porqué te cae mal menganito, conmigo es muy simpático"
La esencia está diseñada para crecer en una única dirección. La de la evolución de nuestra consciencia del universo y de nosotros mismos perdidos en él. La consciencia es la captura de la realidad objetiva sin que nuestras distintas personalidades la filtren o la disfracen. Por tanto, es la búsqueda de la Verdad. Pero la Verdad, si existe, por definición ha de ser única.
Los que tenemos una visión trascendente de la vida, sabemos que tenemos una obligación con nosotros mismos en esa búsqueda. El trabajo es titánico, pues para ello debemos aprender a dominar nuestra personalidad.
Jamás en mi vida, salvo en una ocasión, he conocido o hablado con un político. No son mi "especialidad". Pero, por un extraño capricho del destino conversé hace años en una ocasión con Antoni Fernández Teixidó en torno al tema de este post. Recuerdo haber pronunciado el siguiente axioma: "Lo que no evoluciona conscientemente, degenera mecánicamente". Teixidó me miró algo sorprendido y demostrando cintura y reflejos dialécticos, replicó: "el que no evoluciona conscientemente, no es que degenere, sino que es un degenerado". Compleja y atractiva personalidad la suya.
Anécdotas aparte, evolucionar es también adaptarse, pero fundamentalmente es crecer. Nuestra personalidad y nuestra esencia suelen evolucionar por separado desgraciadamente. La personalidad lo hace forzada por los acontecimientos ajenos a nosotros. Cada evento nuevo, imprime su sello indeleble en ella. De ahí, nuestros condicionamientos. Estamos sujetos a la ley del accidente. Reaccionamos mecánicamente a los eventos externos. Luchar contra eso, sólo puede hacerse si nos esforzamos en que nuestra parte "inmortal" pueda crecer en nosotros. Lo que tenemos que hacer es no distraernos de la búsqueda de la verdad, ya que es el único alimento que nuestra esencia necesita para desarrollarse.
Aquí os dejo un ejercicio para que podais practicar, analizando una muestra de personalidad sin nada esencial detrás. Es decir, sin rastro de verdad, ni consciencia, ni vergüenza.






