Las fuerzas vivas del bonito pueblo de Somarra, se hallaban reunidas en consejo ante la peligrosa deriva a la que sus habitantes se hallaban entregados. La delincuencia, la prostitución y todo tipo de vicios habían hecho mella en una población que se hallaba inmersa y despreocupada en una especie de orgía permanente. Las más aberrantes conductas y la ausencia de total consideración hacia sus congéneres eran lo cotidiano. Urgía ponerle remedio y recuperar aquellas virtudes y valores morales que desde siempre les habían adornado.
Durante el curso de sus deliberaciones, se les ocurrió acudir a un santón local que tenía fama de hombre de talante. De modo que tras localizarle, le expusieron el caso y le pidieron ayuda para que dirigiera unas palabras a la gente del pueblo, intentando reconducir la caótica situación. El sabio se negó repetidas veces, aunque finalmente y ante la insistencia de las buenas gentes aceptó.
Reunidos todos en la plaza mayor del pueblo de Somarra, la plebe esperaba curiosa las palabras mágicas, mientras coreaban con
una cancioncilla a su nuevo líder espiritual: "Queremos saber !, Queremos saber !"
"Queridos somarranos y somarranas ... - tronó el gurú, y continuó:
¿Sabéis para que estoy aquí?"
Tras mirarse entre ellos sorprendidos, la gente contestó:
"No, nosotros no sabemos."
"No me molestaré entonces con gente tan ignorante que no sabe de la verdad" y una vez dicho esto desapareció de su vista sin más explicaciones.
Tras meditar un cierto tiempo, y viendo que el cachondeo y la degradación iba en aumento, el consejo del pueblo decidió volver a intentarlo. Tuvieron otra vez éxito tras varios intentos fallidos, y así se halló de nuevo el santón ante la turba:
"Somarranos todos ! ... - tronó el gurú, y continuó:
¿Sabéis para que estoy aquí?"
Aleccionados previamente por los mandamases del pueblo, en esta ocasión la muchedumbre mansamente contestó :
"Si. nosotros lo sabemos."
"Puesto que lo sabeis, no veo necesidad de más explicaciones por mi parte." y de nuevo salió de estampida hacia su refugio.
La espiral de robos, violaciones y asesinatos motivó un último y desesperado intento de convencer al sabio benefactor.
"Será inútil." - les advirtió -
"No están preparados para mi trascendente mensaje."
Una vez más, el pueblo confundido escuchó expectante al iluminado varón.
"Me dirijo a todos los somarranos y somarranas sin excepción y os pregunto: - así tronó el gurú, y continuó:
¿Sabéis para que estoy aquí?"
El pueblo dudaba y discutía que responder, hasta que uno del consejo con timidez y algo avergonzado contestó:
"Gran sabio, unos lo saben pero otros no."
"Bien. Ya que sois muchos, así será más fácil. Haced que los que lo saben informen a los que no lo saben y no me molestéis más, que me están esperando en Polonia para otro caso y estoy ya muy cansado."